miércoles, 2 de diciembre de 2015

No vuelvo a venir por aquí (crónica No. 1)



               

Me muevo dentro de la multitud, el calor es sofocante, las personas se apretujan las unas contra las otras, el sudor de todos se empieza a mezclar en el ambiente y se impregna sobre nosotros a manera de lubricante. Hace que el movimiento de la fila masiva e interminable sea constante, tal y como el aceite hace que las sardinas enlatadas puedan conservarse Y no se peguen. Don juan Manuel y Doña Rosa, vecinos de mi comunidad, matrimonio que lleva más de 20 años de casados, orgullosos padres de tres hermosas hijas y futuros abuelos, quieren ser los primeros del barrio la candelaria en llegar a conocer las nuevas instalaciones del Parque Caracolí. Parece que sí lo serán, ya los imagino viendo todas las maravillas que se encuentran dentro de la nueva infraestructura. ¡De repente un gran estruendo! Se forma una pelea al costado derecho del puente, cerca de la unión que lleva al sistema masivo de transporte Metrolinea. Dos hombres pelean; parece que el tipo de la gorra “ADDIDAS” negra, pantalón caqui entubado, de las rodillas para abajo, camisa de rayas azules y zapatillas blancas de la misma marca que la cachucha, manoseó a una muchacha que iba delante de él. El otro hombre, vestido de forma semejante al otro sujeto, pero con una camisa de rayas marrones, le propina un empujón y acto seguido un golpe contundente a la barbilla. Todos rechiflan, hacen un escándalo que aumenta la tensión, el calor producido por la gran aglomeración termina volviéndonos locos. ¡Madre mía! Qué hago dentro de este conglomerado de gente, dentro de esta muchedumbre de la que ahora hago parte, en qué momento me convencieron de venir a la apertura de un centro comercial, Por qué no venimos otro día, Por qué justo hoy. Es el primer día, en el cual la mitad de la ciudad está presente. Además, solo un tercio de los almacenes están abiertos, y rematando el  colmo de los males que estamos sufriendo, no tenemos dinero para comprar nada, al igual que la mayor parte de la gente que hoy nos está rodeando, ¡no, solo vienen a conocer el bendito edificio! En este momento viene a mi cabeza el cómo llegué hasta este infierno hoy.
Son las seis y treinta de la mañana, la alarma de mi celular resuena como todos los miércoles, debo levantarme. Una vez fuera de la cama me dirijo al baño de la casa. Para no darme el lujo de prolongar la historia con los protocolos de aseo, resumo que luego de una ducha de 10 minutos, un tiempo no cronometrado frente al closet y un rico desayuno, estoy en la puerta de mi casa listo para salir.
Ahora son las siete treinta, un bache mueve bruscamente el autobús. Aún me faltan veinte minutos de camino a la Universidad, vuelvo a cerrar los ojos y entre duermo los últimos minutos del viaje. Mi celular suena, -aló buenos días. –Respondo sin mirar, como siempre que alguien me llama, -¿Hola cómo estás? -responden del otro lado de la línea. –te llamaba para decirte que tengo un plan para esta tarde. Mi mamá y mis primos quieren ir al nuevo centro comercial, hoy es el estreno, Todo el mundo dice que va a ser una locura. –Cabe resaltar que no se equivocaba en nada cuando dijo que “iba a ser una locura”. ¿La mama, los primos, inauguración del centro comercial? No sé en qué está pensando, pero estoy aun entre dormido. Acentúo con la cabeza creyendo que ella está a mi lado y digo: -sí, claro, no te preocupes, yo voy, nos vemos en la tarde, un beso. –Cuelgo el celular y duermo los pocos minutos que falta para llegar. 
La mañana en la academia se pasa rápido. Luego de unas horas de clases, un rápido almuerzo y una charla con mis compañeros sobre cosas irrelevantes para esta historia son las dos de la tarde, momento para ir nuevamente al salón y terminar mi jornada. Me dirijo a la puerta de la universidad, en la salida saludo algunos conocidos que me preguntan sobre algunas inquietudes de una materia y que creen que les puedo ayudar. Finalmente, me dirijo a la parada del bus, estoy oficialmente fuera de mi deber con la facultad.
En la parada recibo nuevamente una llamada. –Hola, ya vamos saliendo de la casa, nos vemos en la estación de buses para encontrarnos y entrar juntos. –habla con una voz dulce y enamorada. –O.K. Linda, nos vemos apenas llegue, ya voy en el bus. –Le digo mientras me subo y pago el pasaje. Una vez termino de hablar con ella, vuelvo a quedarme dormido en el bus, manía que tengo de no poder montarme a un vehículo y mantener la conciencia. Treinta minutos después me doy cuenta que aún estoy lejos de mi destino. No tengo otra opción, llamo en seguida y les digo: -el tráfico está terrible, me demoraré más de lo pensado. Vayan adelante, nos encontramos dentro, así no van a perder tiempo esperándome. -En ese momento no pasaba por mi cabeza el horror que iba a sufrir.
Veinte minutos después, estoy en la parada estación de buses. Debido a que venía entre dormido como ya es acostumbrado, no noté la cantidad de personas que había hasta que fue tarde. Me encontraba rodeado, nuevamente busco mi teléfono, llamo y pregunto, -¿en qué parte están? –Estamos a punto de entrar, vamos más delante de Don juan Manuel y Doña Rosa. Estábamos con ellos, pero se regresaron a buscar un teléfono. La mayor de sus hijas, la que vive fuera del país, va camino al hospital, La incertidumbre y la preocupación les ganó, tuvieron que ir a ver cómo va la futura madre. -Luego de escuchar este mensaje sabía  que estaba perdido, no podía hacer otra cosa más que continuar solo con la caravana. Ya sabía que iba a tener tiempo de sobra para fijarme en lo que pasaba a mi alrededor, mientras poco a poco avanzo y me cocino entre los jugos corporales de otras personas.


Sergio Fabián Rivero
         


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