Me muevo dentro de la
multitud, el calor es sofocante, las personas se apretujan las unas contra las
otras, el sudor de todos se empieza a mezclar en el ambiente y se impregna
sobre nosotros a manera de lubricante. Hace que el movimiento de la fila masiva
e interminable sea constante, tal y como el aceite hace que las sardinas
enlatadas puedan conservarse Y no se peguen. Don juan Manuel y Doña Rosa,
vecinos de mi comunidad, matrimonio que lleva más de 20 años de casados,
orgullosos padres de tres hermosas hijas y futuros abuelos, quieren ser los
primeros del barrio la candelaria en llegar a conocer las nuevas instalaciones
del Parque Caracolí. Parece que sí lo serán, ya los imagino viendo todas las
maravillas que se encuentran dentro de la nueva infraestructura. ¡De repente un
gran estruendo! Se forma una pelea al costado derecho del puente, cerca de la
unión que lleva al sistema masivo de transporte Metrolinea. Dos hombres pelean;
parece que el tipo de la gorra “ADDIDAS” negra, pantalón caqui entubado, de las
rodillas para abajo, camisa de rayas azules y zapatillas blancas de la misma
marca que la cachucha, manoseó a una muchacha que iba delante de él. El otro
hombre, vestido de forma semejante al otro sujeto, pero con una camisa de rayas
marrones, le propina un empujón y acto seguido un golpe contundente a la
barbilla. Todos rechiflan, hacen un escándalo que aumenta la tensión, el calor
producido por la gran aglomeración termina volviéndonos locos. ¡Madre mía! Qué hago
dentro de este conglomerado de gente, dentro de esta muchedumbre de la que
ahora hago parte, en qué momento me convencieron de venir a la apertura de un
centro comercial, Por qué no venimos otro día, Por qué justo hoy. Es el primer
día, en el cual la mitad de la ciudad está presente. Además, solo un tercio de
los almacenes están abiertos, y rematando el colmo de los males que estamos sufriendo, no
tenemos dinero para comprar nada, al igual que la mayor parte de la gente que
hoy nos está rodeando, ¡no, solo vienen a conocer el bendito edificio! En este
momento viene a mi cabeza el cómo llegué hasta este infierno hoy.
Son las seis y treinta de la
mañana, la alarma de mi celular resuena como todos los miércoles, debo
levantarme. Una vez fuera de la cama me dirijo al baño de la casa. Para no
darme el lujo de prolongar la historia con los protocolos de aseo, resumo que luego
de una ducha de 10 minutos, un tiempo no cronometrado frente al closet y un
rico desayuno, estoy en la puerta de mi casa listo para salir.
Ahora son las siete treinta,
un bache mueve bruscamente el autobús. Aún me faltan veinte minutos de camino a
la Universidad, vuelvo a cerrar los ojos y entre duermo los últimos minutos del
viaje. Mi celular suena, -aló buenos días. –Respondo sin mirar, como siempre
que alguien me llama, -¿Hola cómo estás? -responden del otro lado de la línea.
–te llamaba para decirte que tengo un plan para esta tarde. Mi mamá y mis
primos quieren ir al nuevo centro comercial, hoy es el estreno, Todo el mundo
dice que va a ser una locura. –Cabe resaltar que no se equivocaba en nada
cuando dijo que “iba a ser una locura”. ¿La mama, los primos, inauguración del
centro comercial? No sé en qué está pensando, pero estoy aun entre dormido.
Acentúo con la cabeza creyendo que ella está a mi lado y digo: -sí, claro, no
te preocupes, yo voy, nos vemos en la tarde, un beso. –Cuelgo el celular y
duermo los pocos minutos que falta para llegar.
La mañana en la academia se
pasa rápido. Luego de unas horas de clases, un rápido almuerzo y una charla con
mis compañeros sobre cosas irrelevantes para esta historia son las dos de la tarde,
momento para ir nuevamente al salón y terminar mi jornada. Me dirijo a la
puerta de la universidad, en la salida saludo algunos conocidos que me
preguntan sobre algunas inquietudes de una materia y que creen que les puedo
ayudar. Finalmente, me dirijo a la parada del bus, estoy oficialmente fuera de
mi deber con la facultad.
En la parada recibo
nuevamente una llamada. –Hola, ya vamos saliendo de la casa, nos vemos en la
estación de buses para encontrarnos y entrar juntos. –habla con una voz dulce y
enamorada. –O.K. Linda, nos vemos apenas llegue, ya voy en el bus. –Le digo mientras
me subo y pago el pasaje. Una vez termino de hablar con ella, vuelvo a quedarme
dormido en el bus, manía que tengo de no poder montarme a un vehículo y mantener
la conciencia. Treinta minutos después me doy cuenta que aún estoy lejos de mi
destino. No tengo otra opción, llamo en seguida y les digo: -el tráfico está
terrible, me demoraré más de lo pensado. Vayan adelante, nos encontramos
dentro, así no van a perder tiempo esperándome. -En ese momento no pasaba por
mi cabeza el horror que iba a sufrir.
Veinte minutos después, estoy
en la parada estación de buses. Debido a que venía entre dormido como ya es
acostumbrado, no noté la cantidad de personas que había hasta que fue tarde. Me
encontraba rodeado, nuevamente busco mi teléfono, llamo y pregunto, -¿en qué
parte están? –Estamos a punto de entrar, vamos más delante de Don juan Manuel y
Doña Rosa. Estábamos con ellos, pero se regresaron a buscar un teléfono. La
mayor de sus hijas, la que vive fuera del país, va camino al hospital, La
incertidumbre y la preocupación les ganó, tuvieron que ir a ver cómo va la futura
madre. -Luego de escuchar este mensaje sabía que estaba perdido, no podía hacer otra cosa
más que continuar solo con la caravana. Ya sabía que iba a tener tiempo de
sobra para fijarme en lo que pasaba a mi alrededor, mientras poco a poco avanzo
y me cocino entre los jugos corporales de otras personas.
Sergio
Fabián Rivero























