jueves, 17 de octubre de 2013

La ruta de...



La caña  de azúcar nace en los suelos  de la garrotera  tierra de Piedecuesta desde hace más de  50 años. Todos  los días esta bella planta recibe el solo madrugador que sale desde  las montañas del oriente santandereano. Desde  su comienzo no se diferencia mucho del pasto con el que nace, pero pasados algunos meses  podemos ver que los tallos de esta planta empiezan a engrosar y a engrosar hasta alcanzar un característico color amarillento, si tienes la oportunidad de pasar por el lado de uno de estos cultivos también sentirás ese olor característico que   penetra a través de tu olfato y se aloja en tu  cerebro para nunca más olvidarlo. 

Luego de unos meses, cuando la caña está madura, llegan   los recolectores, con sus machetes  afilados, recogen  el cultivo y  cargan los camiones hasta el tope  de palitos dulces. Es en este momento habiendo terminado la jornada de recolección que el olor penetrante de la caña recién cortada se acentúa con mayor ahínco en nuestra memoria. Estar dentro del tarro de los caramelos,  oler la miel de un panal, o las flores recién cortadas no llegan a ser tan memorables como el olor de la caña recién cortada.







Una vez llevada la caña al trapiche  se extrae su jugo  pasando en grandes cantidades  varas de cana  por las ruedas de madera que extraen  un líquido  lechoso dulce que  luego será hervido hasta alcanzar una consistencia color caramelo.  Esta mezcla es  llevada a contenedores en forma de bloques que, una vez solidificados, serán llevados a la tienda del barrio para ser convertidos en una rica      “aguadepanela”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario