jueves, 17 de octubre de 2013

Un acidente de pareja (cronica No. 4)

Eran las ocho y media de la noche del sábado 16 de junio, doña Nubia de Cordero celebraba sus 50 años de vida junto a todos sus seres queridos.  La festejada estaba con sus mejores amigas, sus hijas y  algunas conocidas como la señora del salón de belleza del barrio y la señora de la tienda, doña  Lurdes, que esa noche había decidido cerrar temprano. El trago iba y venía. Cervezas, whiskys,  y copitas de vino eran el lubricante social que rondaba por las mesas de la casa,  Pero alguien no había llegado. Faltaba Leidy, la hija menor de de Amparo, la mejor amiga de  la feliz festejada. No  pasó un minuto de haberse dado cuenta de la ausencia de Leidy cuando en la entrada de la casa sonaba el  Renault  Clío de David el esposo de la ausente.

Fue menos el saludo del esposo a la festejada que lo que se demoró en  beberse un trago de Jhonny Walker. Entró como perro por su casa,  mirando como a quien le han faltado al respeto y quiere desquitarse con el primero que se atreva  dirigirle la palabra. Detrás de él, apareció Leidy, venía  sollozando, con su ojo izquierdo enrojecido  y  casi por completo apagado.

-por Dios Leidy  ¿Qué  te ha pasado? -le dice Nubia con un tono tenso y lo más bajo posible, lo necesario para que solo el grupo de amigas escuche. Leidy  se niega a responder, recogiéndose de hombros y volteando la mirada para un lado diferente del que se encuentra David.  –me caí del carro, me enrede con el cinturón del coche y me he golpeado con  la manija de la puerta. Todas se miran entre ellas, y  no hace falta que se hablen para entender que su excusa es tan  inverosímil como la cortesía de David.  –Mi amor, ¿Cuántas veces te lo he dicho?  -Le dice su madre en un tono  angustiado. –Déjalo, deja a ese hijueputa poco hombre. –Mamá, no es lo que estás pensando, él me quiere y me mima.  Además, si lo dejo  ¿quién me va  dar mis gusticos? La cirugía de  las  téticas me la dio  él, si me porto bien  y no lo hago rabiar todo marcha bien, no volveré  a tener problemas.


Parece que luego de tres cervezas  y varios cambios de tema, el incidente de la llegada de Leidy ya está olvidado.   Ahora David baila con Daniella, la hija menor de  don Jaime,  con la cual parecen uno solo ya que están tan pegados como los pasajeros de un Metrolinea en hora pico.  Leidy  lo mira desde su  silla y vuelve a empezar a hablar con Nubia y las festejadas. al cabo de unos treinta minutos el mayor de los hijos de Don José saca a bailar a Leidy. David había seguido con el ritmo de bebida que traía desde que llegó.  Apenas vio que  bailaban merengue de forma divertida, David se acerca por detrás de Leidy, la toma por el cabello y la grita como si fuera  el perro de la casa.  –seguí así  que te tengo entre ojos, ¿es que no veo que te está buscando desde  que llegamos a la fiesta? –pero no sé de qué hablas, acabo de empezar a bailar.  David  la toma por el brazo y salen de la casa. La fiesta termina para él. El calvario apenas comienza para ella. Podemos pensar que la conveniencia material puede  llevarnos al cielo de nuestros caprichos, pero no creo que sea  un negocio rentable.

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